Una oportunidad a la vuelta de 2016.

Por Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA).

El sistema financiero no es una isla y su desempeño estará sujeto indefectiblemente al desarrollo de la economía del país.

Para lograr el desarrollo es importante que quien nos gobierne ataque las causas que generaron que la economía no haya crecido por más de dos años.

Como manifesté en oportunidades anteriores, tendrá que resolver problemas propios o autogenerados, en un contexto internacional menos favorable. La inacción no es una opción válida. Argentina sabe y, lógicamente, ha sufrido las consecuencias cuando no gestionó el reordenamiento económico y le resultó impuesto por la realidad.

Si queremos crecer y desarrollarnos en forma sostenida en el tiempo, más temprano que tarde será necesario sincerar el tipo de cambio, eliminar la brecha cambiaria, disminuir el déficit fiscal, acceder a los mercados, restringir la creación de dinero primario y controlar la inflación.

Argentina ya no tiene margen para incrementar la presión fiscal sin afectar seriamente la rentabilidad de las empresas y el consumo privado. Un desequilibrio como el que ostenta actualmente el país en esta materia hace inviable cualquier intento de impulsar la economía en forma sostenida.

Por otra parte, sin las correcciones a las que hacemos mención y sin un arreglo integral con los holdouts va a ser muy difícil acceder a los mercados internacionales, lo cual pone un techo de 2/3% del PBI a la tasa de crecimiento interno imposible de superar.

Afortunadamente, y de acuerdo con las declaraciones de los principales candidatos (aún con matices), hay consenso para terminar el conflicto con los holdouts y de esta manera intentar atraer las inversiones necesarias para desarrollar nuestras potencialidades y ganar competitividad.

Si Argentina cerrara el problema de los holdouts podría bajar el costo de su endeudamiento al 7/7,5% en lugar del 10/10,5% anual como ocurre en la actualidad, generando una quita o rebaja del endeudamiento argentino o del costo del capital que con el paulatino acceso a los mercados debería ser aún mayor. Beneficiándose de la baja en el costo del capital no solo el Estado sino también las empresas y las personas.

Pero lo más importante es que se generaría un incentivo tal para atender las necesidades de inversión por aproximadamente unos u$s 300.000 millones que hoy tienen sectores claves como los de infraestructura, comunicaciones, petróleo, gas y electricidad, entre otros. Siendo su contrapartida la creación de más de 3 millones de nuevos puestos de trabajo en el término de diez años.

Este objetivo, calculado sobre datos ciertos y confiables, le permitiría al país crecer a un ritmo del 5% anual, que se traduciría en más integración e igualdad de oportunidades.

El capital en el mundo está disponible, sólo hay que atraerlo con reglas de juego claras, estables y confiables.

El punto es que, al igual que en todo el mundo, estas inversiones o el flujo de capitales se canalicen a través del mercado de capitales y en moneda dura, dado que actualmente el sistema bancario local no lo puede hacer cuando capta depósitos a un promedio menor a 30 días.

Obtener el financiamiento y desarrollar el mercado es un desafío que no admite demoras y son los bancos integrantes de ABA quienes están más capacitados para ayudar en la tarea.

Perspectiva sectorial

Respecto de nuestra actividad sectorial en particular, nos preocupa la creciente regulación e intervencionismo en el sistema financiero, que simplemente impide su desarrollo.

Cada vez más regulaciones afectan a la actividad de los bancos: tasas de interés máximas para los préstamos, tasas mínimas para los depósitos a plazo, control en el precio de las comisiones (en el año el BCRA autorizó un aumento promedio del 15%, cuando el aumento salarial promedio fue del 31,5%).

A su vez, y atento a la importancia alcanzada por la línea de crédito para inversión productiva, consideramos que es el Estado quien debe absorber el costo del subsidio de tasa y no el sector privado como acontece en la actualidad.

Finalmente, nos preocupan -como a otros sectores de la economía- las restricciones al pago de importaciones, regalías y dividendos. Esto desalienta la iniciativa privada interna y ahuyenta al capital internacional.

Sin dudas, este conjunto de factores atenta en última instancia contra el crecimiento de un sistema bancario que, si bien es sólido y no presenta descalces de moneda, es pequeño, poco profundo, básicamente transaccional, y con una muy baja intermediación financiera o relación crédito y depósitos privados en relación al PBI. Y en este punto también hay mucho por hacer: estimaciones oficiales indican que habría aproximadamente u$s 220.000 millones fuera del sistema.

El desafío es lograr el crecimiento del sistema financiero y acompañar el potencial económico que tiene el país. Los bancos de ABA representan aproximadamente un tercio del sistema (préstamos y depósitos del sector privado) y seguirán apostando al futuro: haciendo inversiones en nuevas sucursales, nuevos edificios de oficinas, ofreciendo mejores productos y fomentando una mayor inclusión financiera. Para lo cual es importante que se autorice la apertura y funcionamiento de sucursales no tradicionales en zonas más densamente pobladas y/o carenciadas para fomentar la bancarización, facilitar el pago de jubilaciones, planes sociales, etc. y mejorar al mismo tiempo la calidad de servicio y atención en sucursales.

El sistema financiero tiene que tener la oportunidad de poder apretar el acelerador y lograr una mayor inclusión financiera, combatir la informalidad de la economía, meterse de lleno en el mundo digital eliminando papeles y promoviendo todo lo que sean transacciones electrónicas. Las sucursales van a existir pero van a ser distintas, pretendemos llevar el banco a la gente a través de formas más simples, que permitan acercarnos al público a través de entornos más conocidos o amigables, flexibilizando los horarios y la forma de atención.

Por último, destacamos una conclusión que desde hace años forma parte del lema de ABA: si nos ponemos de acuerdo en que necesitamos invertir, generar trabajo y en qué áreas lo tenemos que lograr, se recrearía en la Argentina el círculo virtuoso: más ahorro, más crédito e inversión, que redundarán en más empleo, desarrollo y prosperidad para todos.