Columna de Claudio Cesario en la 109° edición del suplemento especial La Visión de los Líderes de El Cronista Comercial.

El desafío, que no es nuevo, que debe encarar el sistema financiero (incluidos los reguladores) para 2018 y durante los años subsiguientes es duplicar el muy bajo ratio de depósitos sobre PBI que tiene. Ya está demostrado que es sólido, pero también que es el más pequeño de los países comparables de la región. Crecimiento que seguramente se apalancará en un mayor impulso de la banca digital y en la inclusión financiera, y que como correlato contribuirá a continuar en la lucha contra la informalidad y el uso de efectivo en la economía.

Sin un crecimiento sustantivo en la base de los depósitos ni desarrollo del mercado de capitales, será prácticamente imposible sostener el boom en materia crediticia que estamos observando. Lo que comenzó con los créditos hipotecarios y prendarios ajustados por UVA, con tasas y plazos como no se tenía conocimiento desde hace mucho tiempo, siguió con los personales y con lo que estamos viendo ahora, que es el repunte del crédito comercial, es decir, son las empresas pequeñas, medianas y grandes que demandan financiamiento, sea tanto de capital de trabajo como para realizar inversiones. Este dato último de las compañías no es menor porque ratifica los buenos indicadores que está mostrando la economía en general y significa confianza respecto de lo que viene.

El último informe del Banco Central de la República Argentina (BCRA), precisamente, destaca que todas las líneas de préstamos, tanto en pesos como en moneda extranjera, aumentaron en términos reales destacándose en particular los hipotecarios, que registraron un incremento del 9,2 por ciento en términos nominales ($ 7600 millones) y acumularon en los últimos 12 meses el 63,8 por ciento. Esto muestra el potencial de crecimiento que tiene nuestro país. Chile, como dato, tardó décadas en afianzar la aplicación de una unidad de cuenta como la UVA. En nuestro caso, desde su lanzamiento ya se otorgaron más de 30.000 millones y esperamos duplicar ese monto a la brevedad.

Entre los cambios estructurales que el Gobierno ha decidido encarar, como las reformas impositiva, laboral, del mercado de capitales, la Ley Penal Empresaria, y electoral si se quiere, apuntan a modernizar y a generar el marco jurídico e institucional adecuado en beneficio de una mejora en los costos generales de la economía, la competitividad de los distintos sectores y del clima de negocios que se requiere para que las inversiones nacionales y del exterior vengan a sostener el crecimiento que hoy muestra la economía.

Vinculado a la competitividad, que entendemos debe mejorar y mucho, en la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA) consideramos que los competidores deben hacerlo con las mismas reglas de juego. Con esto quiero decir, por ejemplo, que (a) las Fintech que operan medios de pago y otorgan créditos no tengan beneficios fiscales (pagan la mitad de Ingresos Brutos y las radicadas en el polo tecnológico de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires están exentas por 10 años) y laborales (70 por ciento de crédito fiscal en las contribuciones patronales) que los bancos no tienen, pese a lo cual no los trasladan al consumidor y tienen un costo financiero total muy superior al de cualquier entidad financiera; (b) los empleados de la administración pública (por vía de decreto) solo puedan percibir sus salarios en el Banco de la Nación Argentina, en el Banco de la Provincia de Buenos Aires o en el agente financiero de cada provincia; (c) los jubilados y pensionados no puedan trasladar a otro banco que les ofrezca mejores condiciones de financiación el código de descuento de su jubilación o pensión, quedando atrapados en el banco que les paga el haber respectivo; etc.

Sin ánimo de hacer un balance, sí se puede afirmar que los logros alcanzados por el gobierno del presidente Mauricio Macri pusieron al país en la normalidad. El Gobierno ha hecho todo lo posible y más para sacar al país del aislamiento en que estaba. Hoy, la Argentina es un país que se inserta en forma inteligente en el mundo y eso ya está mostrando los frutos. Todos los indicadores económicos están bien y muestran comportamiento positivo.
Bajar la inflación del 40 a la mitad y establecer una meta para el año próximo del 12 por ciento no es poca cosa y plantea un desafío que, si bien ambicioso, conlleva una expectativa favorable para toda la sociedad.
La mejora del crédito y su costo fue posible merced a la reinserción del país en los mercados financieros internacionales y la recuperación de la confianza que ello significó. Esto se tradujo en una caída en el costo del financiamiento del 14 al 6/7 por ciento anual, una tasa equiparable a la de los países con mejor conducta que la Argentina.

Algunas críticas intentan poner sobre el tapete el alto nivel de endeudamiento que tiene el país, sin mayor sostén técnico o parcialidad, cuando lo cierto es que el ratio se ubica dentro de niveles razonables y manejables, los intereses son los más bajos de su historia y el efecto positivo sobre la economía es indiscutible.
Las asignaturas pendientes

En este marco, la tasa de crecimiento económico va en camino a superar el 3 por ciento anual este año y puede significar un piso interesante que hay que incrementar y mantener de forma ininterrumpida para pensar seriamente en una etapa de desarrollo sostenido. Este salto es altamente probable, sobre todo si se concretan las reformas tendientes a mejorar la competitividad y la producción junto con la esperada reducción de la carga impositiva que pesa sobre el conjunto de la economía.

El sistema financiero, para dar un ejemplo propio, padece sobre sus ingresos una presión tributaria superior al 50 por ciento de sus ingresos (solo considerando Ganancias, Ingresos Brutos, tasas municipales y Débito/Crédito), lo cual habla del efecto que la misma tiene sobre cualquier producto y operación. Lo que queremos como sector es que la reforma fiscal facilite la vida a la gente y le evite sufrir tributos que generan costos adicionales.
Ingresos Brutos (que para los bancos ya es un costo superior al del Impuesto a las Ganancias), el Impuesto a Débitos y Créditos Bancarios, Sellos, etc., son tributos regresivos que el país debe, paulatinamente, eliminar para evitar que la gente se sienta incentivada a tener el efectivo en la mano y no en una cuenta bancaria, que es la forma más genuina de formalizar la economía.

La reforma impositiva que está planteando el Gobierno, en el marco de un gran acuerdo de coparticipación con los Gobiernos provinciales, parece estar dirigida a poner en orden las cuentas públicas con ese fin.
Del mismo modo, los acuerdos que se impulsan en las mesas sectoriales de Diálogo y Consenso, de las cuales participamos, son iniciativas que sin dudas ponen al sector privado, los gremios y el Estado en sintonía común para redirigir las energías y pensar en términos de la competitividad que necesita la economía.
Asimismo, la demorada sanción de la Ley de Mercado de Capitales resulta decisiva para que, en complementación con el sistema financiero, se canalice ahorro público hacia la financiación de proyectos de infraestructura de mediano y largo plazo, como así también para descargar el crédito que se origina y poder continuar con el circuito virtuoso del financiamiento de la economía.

Por último, existen dos cuestiones ya más de carácter institucional pero con efecto económico, como son la Ley Penal Empresaria y la de reforma electoral, ambas vinculadas estrechamente con la transparencia que debe regir las relaciones entre sector público y privado, y que el país debe mostrar al mundo como vocación de hacer bien las cosas.