Por Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA)

A casi 30 días de las elecciones y mientras los presidenciables o sus espadas discuten sobre la continuidad del modelo, cambios graduales o políticas de shock, de lo que no hablaron a fondo aún es qué y cómo harán para resolver problemas propios y autogenerados, en un contexto internacional menos favorable.

Sería bueno ver debatir a los presidenciables y que nos dijeran si solucionar los problemas autóctonos requiere o no sincerar el tipo de cambio, eliminar la brecha cambiaria, disminuir el déficit fiscal, acceder a los mercados, restringir la creación de dinero primario y controlar la inflación, y en su caso cómo. Qué harán para generar empleo privado cuando hoy la dependencia del fisco incluye a un tercio de la población. Cómo resolverán la presión fiscal similar a la de países europeos sin margen para seguir aumentándola y afectar seriamente la rentabilidad de las empresas.

Sin debate o discusión, pareciera que, con matices, han entendido que la inacción no es una opción válida y que no se puede escapar del realineamiento económico. O realinea el gobierno, o nos lo impone la realidad, con el agravante que en este último caso el proceso será drástico y desordenado.

Habría, atento a las últimas declaraciones de los candidatos, consenso para cerrar el frente externo. Saben que el país para desarrollar sus potencialidades y ganar competitividad, necesita en los próximos años realizar fuertes inversiones en infraestructura vial, ferroviaria, portuaria, en comunicaciones, en petróleo, gas y electricidad, entre otros. Y que estas obras, al igual que en el resto del mundo, no pueden ser financiadas localmente.

En otras palabras, comprendieron que necesitan tomar deuda no para gasto corriente sino para realizar inversiones y motorizar, asimismo, la inversión privada. Entienden que el nuevo ciclo de crecimiento debe necesariamente venir asociado a una fuerte participación de la inversión directa, al menos en el promedio de la recibida por el resto de los países de la región, nivel del cual estamos muy lejos. En términos de diagnóstico, reconocer la necesidad lo convierte en una buena noticia.

Ahora bien, lograr ese desarrollo sustentable requiere consensuar y fijar políticas de estado de mediano y largo plazo, sin cambios en las reglas de juego. Para lo cual es importante que ganemos institucionalidad. En la medida en que los argentinos y el mundo desconfíen, solo veremos inversores de oportunidades y pagaremos costos más altos que el resto de los países de la región.

El reto es importante ya que el punto de partida es bajo pero siendo la tercera mayor economía de la región la oportunidad del país es grande.