Por Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA).

La reforma impositiva, laboral y del mercado de capitales son un conjunto de iniciativas clave que buscan continuar normalizando la economía y establecer bases sólidas y sustentables de crecimiento.

El país no puede darse el privilegio de seguir en el camino del subsidio, el gasto público descontrolado y el desorden administrativo provincial y a la vez combatir la inflación.

La situación heredada conducía inexorablemente a una crisis que el gobierno pudo capear con prudencia, contemplando a su vez la situación social. Creo que nadie puede negar esta evidencia. Como también que es el momento para producir los cambios esperados.

El respaldo que la ciudadanía le dio al gobierno en las elecciones legislativas del 22 de octubre último, y el rápido reflejo de las autoridades para impulsar consensos con gobernadores, oposición y dirigentes, están en el buen camino.

Es de esperar que el Congreso plasme los proyectos de manera responsable e incluso mejorando las iniciativas originales del Poder Ejecutivo. Esto mostraría que la democracia se puso los pantalones largos, dejando de lado oportunismos y mezquindades políticas.

Es claro que el esfuerzo a realizar es grande y requiere que cada parte, cada sector, ceda un poco. No hay más espacio para seguir con ventajas para pocos que las paga el conjunto de la sociedad.

Tampoco hay espacio para demorar el crecimiento genuino basado en un clima apropiado para que las empresas inviertan y generen trabajos de calidad.

Es urgente ordenar las administraciones provinciales a partir del ejemplo que dé la Nación. El Pacto Fiscal al cual se avinieron gobierno central y gobernadores provinciales con el objetivo de sanear las administraciones, es una señal clara.

La reforma impositiva importa sacrificios para todos los sectores sin excepción.

Además tiene que dar racionalidad a un esquema impositivo paralizante. Impuestos como Ingresos Brutos, Créditos y Débitos Bancarios, Sellos, entre otros, requieren una puesta a punto para dejar de ser regresivos en detrimento del conjunto de la economía.

La reducción de Ingresos Brutos que muchas provincias aplicaron en el marco de la nueva línea de créditos hipotecarios ajustados por UVA constituye un ejemplo positivo. Hoy la construcción y la actividad inmobiliaria están viviendo un verdadero boom que se acentuará el año próximo, permitiendo que cada vez más familias vean cumplido el sueño de ser propietarios.

Otra iniciativa central es la reforma laboral que busca mejorar las condiciones que regulan las relaciones del trabajo incrementando la competitividad. El punto es ir a un equilibrio donde empresas y trabajadores encuentren un clima de desarrollo de interés mutuo, y recreen el ambiente de negocios que se requiere para crecer. En este punto, habrá que ver qué sucede en el Congreso y qué posición termina adoptando el sindicalismo.

Como señalé, el país debe continuar el proceso de normalizar su economía y también establecer bases sólidas y sustentables de crecimiento. De esta manera, tendrá más inversiones y más puestos de trabajo de calidad. Las Mesas de Diálogo y Consenso sectoriales son un buen ejemplo a seguir.

En este marco, el desafío a futuro del sistema financiero es crecer en tamaño y contribuir a una mayor formalización de la economía. En un contexto cada vez más competitivo y desafiante, donde el crecimiento del crédito en todos sus segmentos duplica al crecimiento de los depósitos, seguramente observaremos en el sector, en el año próximo, una mayor búsqueda de financiación en el mercado de capitales sea a través de emisión de deuda o colocación de acciones.

Un factor adicional y vinculado con el punto anterior es la reforma del mercado de capitales que al margen de la creación de nuevos instrumentos de financiamiento, permitirá como en los mercados desarrollados poder descargar en él las operaciones que originen los bancos.

La creación del impuesto a la renta financiera, que propone la reforma impositiva, si bien generó una resistencia inicial esperamos que no tenga mayores efectos sobre las decisiones de inversión de los ahorristas.

Lo que sí queda claro es que la actividad bancaria no puede seguir con una presión impositiva que representa más del 50% de sus ingresos y que, por lo tanto, afecta el costo de los productos y a los usuarios del sistema.

Por último, dos temas sensibles que deben destacarse son la recientemente aprobada ley penal empresaria y la todavía pendiente reforma electoral, que tienen que ver con otra asignatura pendiente, como es la transparencia, que reclama una República madura.

La competitividad y viabilidad de la economía están en juego. Todos debemos aportar nuestro grano de arena para que el país termine de normalizarse y se evite perder una nueva oportunidad. Otra vez, será tarde.