Hay un interés renovado en la Argentina, que se traducirá en resultados concretos en beneficio de la economía. Los sectores empresarios, sindicales y políticos deben establecer acuerdos sobre la base del diálogo y el consenso para aprovecharlos.

Claudio Cesario Presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA).

El Gobierno dio y continúa dando pasos importantes para fijar el rumbo o establecer claramente los objetivos que debemos cumplir para poner al país en la situación de liderazgo regional que nunca debió abandonar. Por eso, creo que a 2016 lo recordaremos como el año del cambio de rumbo, y 2017 será importante desde el punto de vista del desarrollo económico y social. La presencia del presidente Macri en los principales foros internacionales, la multitudinaria convocatoria del “Mini Davos”, los encuentros empresarios y de negocios impulsados por distintas representaciones diplomáticas y la organización en nuestra ciudad de la 50° Asamblea Anual de la Federación Latinoamericana de Bancos (Felaban) con la presencia de 1500 banqueros del mundo son manifestaciones más que elocuentes de este proceso. Dan cuenta de una nueva etapa, de un renovado interés hacia el país, que seguramente se traducirá en resultados concretos en beneficio de la economía local, siendo responsabilidad de todos encauzar positiva y definitivamente esta nueva oportunidad. Para ello, el sistema financiero está preparado y dispuesto a cumplir su rol como multiplicador de proyectos productivos y, en consecuencia, de empleos genuinos.

Vamos por partes. La Argentina se ha vuelto a reinsertar en el mundo de una manera atractiva a la luz de las manifestaciones de apoyo generadas por los principales líderes mundiales. Estas expresiones no son antojadizas y constituyen el preludio de inversiones que se materializarán más temprano que tarde, sobre todo porque hubo una decisión política de normalizar las cuestiones pendientes. La salida del cepo; la solución al problema con los holdouts; sincerar, reconocer y actuar contra la inflación; encarar el proceso de sinceramiento fiscal, entre otras cuestiones, devolvieron credibilidad al país. Por eso, la Argentina tiene acceso al crédito internacional a tasas competitivas y de las más bajas de nuestra historia. La baja en el costo del capital del Estado se traslada en la baja del costo del endeudamiento de las empresas, primero, y luego en las familias, eliminando la desventaja que tenían nuestras empresas frente a las del resto de la región y del mundo.

Seguramente, en 2017 se desembolsarán las inversiones que interesan, las cuales, sin dejar de recordar que estuvimos cerrados al mundo mucho tiempo, necesitan su proceso de maduración. Cada proceso, cada proyecto, tiene distintos tiempos de evolución. No es lo mismo invertir en agro, energía, minería o infraestructura. Al empuje inicial del agro le seguirán las inversiones necesarias para mejorar toda nuestra infraestructura y continuar recuperando competitividad.

Por eso, también es importante, positivo y necesario mantener la tendencia a la baja de la inflación.
Es claro que existen problemas internos estructurales y coyunturales que deben ser sorteados, pero es aquí en donde, con responsabilidad e inteligencia, los sectores empresarios, sindicales y la dirigencia política (oficialismo y oposición) deberían trabajar sobre el potencial y las excelentes perspectivas de mediano y largo plazo, y no discutir ventajas sectoriales de corto plazo. El gran desafío es establecer acuerdos sobre la base del diálogo y el consenso.

En el plano del sistema financiero, los progresos también han sido importantes. El BCRA removió obstáculos que afectaban la actividad. La liberalización del mercado cambiario, la flexibilización para la apertura de nuevas sucursales, la digitalización de las operaciones bancarias, entre otras, están dirigidas no solo a mejorar sino a hacer más eficiente, inclusivo y competitivo al sistema financiero que, al margen de las nuevas tecnologías y la aparición de nuevos participantes -que, necesariamente, deben ser regulados con la misma vara para no afectar la competencia y la seguridad del sistema-, deberá hacerlo en un ambiente distinto, es decir, con inflación decreciente, por lo que será interesante ver el comportamiento del desarrollo del mercado hipotecario.
Resultará clave hacer crecer el tamaño del sistema, tanto desde el punto de vista de los depósitos como de los créditos, y es fundamental seguir mejorando la confianza de los agentes económicos, tanto de quienes colocan sus ahorros en el sistema financiero como de los tomadores de crédito.

Dentro de los demandantes de financiamiento están los que van a endeudarse para invertir en nuevas actividades productivas y así contribuir a la expansión económica del país.

También es muy importante quien tomará un préstamo para consumo, porque eso aumentará la demanda de bienes y servicios, y fraccionará la demanda para continuar creciendo.

El promedio del último año de los depósitos del sector privado en el sistema financiero representa el 14,2 por ciento del PBI, mientras que los préstamos alcanzan al 11,2 por ciento.

lista relación es muy inferior en comparación con la que se observa en otros países similares de la región, lo que muestra la oportunidad de desarrollo que tiene el sistema.

Por lo tanto, la Argentina está frente a una gran oportunidad para crecer y ocupar el lugar que se merece. No la desaprovechemos.