Por Claudio Cesario, presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA)

El gobierno, en un año de gestión, ha generado las condiciones para que la economía se ponga nuevamente en marcha y establezca una base de crecimiento a partir de 2017.

Esta plataforma es necesaria consolidarla desde el punto de vista de las condiciones macro y micro para que el esfuerzo que se está realizando no se vea tirado por la borda.

Con prudencia para evitar consecuencias indeseadas desde el punto de vista social, el Presidente Mauricio Macri inició la normalización de la muy compleja situación económica heredada.

No dudo que lo hecho está en el buen camino y es mucho lo que resta por hacer. Pero los argentinos debemos asumir que el camino no es fácil y requiere de la comprensión y esfuerzo de todos los sectores de la sociedad para llegar a buen puerto.

Si se mantienen las reglas de juego y se supera la confrontación política coyuntural y de conveniencia que asoma con frecuencia, nadie puede dudar que el país obtenga las inversiones que necesita su economía para crecer y generar empleos.

El sistema financiero está preparado para agrandar su tamaño y apoyar el proceso de crecimiento que se anticipa, en conjunción con un mercado de capitales amplio y activo que atienda las necesidades de más largo plazo.

En esta expansión jugará un papel importante el proceso de sinceramiento fiscal en curso y la consolidación a la baja de la inflación que todo hace indicar ya comenzó a evidenciarse.

En tanto, un aspecto meritorio que debe destacarse en el balance de las autoridades del Banco Central es el impulso de la inclusión financiera a través de medidas tales como la flexibilización de las condiciones para la apertura de nuevas sucursales, la convergencia de las operaciones bancarias hacia la telefonía celular, el impulso de las transferencias electrónicas, entre otras.

Para 2017 el gran desafío es lograr la competitividad estructural del país que depende del costo de capital, la infraestructura y la reducción de la presión tributaria.

La presión tributaria es un factor clave para liberar las fuerzas de la economía y poner el motor en marcha. Su disminución es reclamada por todos los sectores, y admitida por el propio Presidente de la República como un factor de desequilibrio en la sociedad.

Es hora de que empresarios, sindicalistas y dirigencia política (oficialismo y oposición) trabajemos de manera seria, responsable e inteligente para resolver este nudo gordiano a partir de acuerdos basados en el diálogo y el consenso, y no en intereses políticos o sectoriales.

Una administración sana de los recursos públicos evitará inequidades, injusticias y que las ineficiencias las paguen otros.