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Discurso del presidente de la Asociación de Bancos de la Argentina (ABA), Claudio Cesario, en el cóctel 2017 de agasajo a la prensa especializada. En la ocasión, dijo también: “Es necesario que el sendero marcado por el Gobierno de reducción del déficit fiscal tenga el más amplio consenso ya que todos sabemos los efectos del mismo y de la inflación como generadores de pobreza y exclusión”.

Buenos días, bienvenidos al agasajo de fin de año que organizamos para agradecerles el apoyo que ustedes y los medios hacen del tema financiero, sin cuyo aporte no sería posible transmitir adecuadamente lo que el sector significa para la economía y la vida cotidiana de las personas.

Hace casi un año, planteaba la necesidad de racionalizar el sistema tributario y que el costo del ineficiente y del que evade no lo absorba quien cumple sus obligaciones.

El tema estaba y está vinculado, entre otras cuestiones, a la urgencia de darle a la economía competitividad para que de una vez por todas se desaten las energías y potencialidades que tiene el país para encarar un proceso de crecimiento y desarrollo.

Pues bien, la buena noticia es que Argentina parece que decidió encarar de manera frontal los cambios necesarios para su definitiva normalización.

Hoy el gobierno, fortalecido con el respaldo de los votos en las elecciones del 22 de octubre pasado, está avanzando en reformas de naturaleza impositiva, laboral y del mercado de capitales que establecerán las bases de consolidación para un crecimiento sostenible en el tiempo y en beneficio de todos los ciudadanos.

Es hora de pensar seria y responsablemente en crecer, dar trabajo para todos y generar riqueza en forma equitativa.

El esfuerzo es grande, pero como ha expresado el Presidente, necesita que todos cedamos un poco en beneficio del conjunto social. No queda otro camino si queremos poner fin a décadas de atraso y descontrol.

En este punto es importante que todos los sectores entiendan que no es posible crecer y desarrollarse en base a subsidios que pagan otros.

La situación social justifica que las reformas se apliquen de manera gradual, progresiva y coordinada.

Como dije, la reforma fiscal planteada por el Gobierno apunta a bajar la carga tributaria de las empresas y promover la reinversión de utilidades. Tiene como objetivo adicional ordenar las cuentas públicas y esta tarea incluye la administración nacional, la de las provincias y los municipios, para de una buena vez despejar los ciclos de crecimiento y retraso a los que la Argentina nos tiene acostumbrados, cuando ahora los que tampoco paran y se retrasan son nuestros vecinos en la región.

Considero positivo que los Gobernadores hayan suscripto el Pacto Fiscal y su cumplimento será una muestra más de que todos estamos madurando.

Los Gobernadores saben el efecto nocivo y regresivo que tiene Ingresos Brutos y que en algunas actividades impacta más que el Impuesto a las Ganancias.

Por otra parte, habrá que observar la actitud que adopta la mayoría de los Municipios, ya que para sostener sus desajustes han creado una telaraña de tributos, tasas municipales, regímenes de retención a cuenta redundantes y hasta superpuestos con otros, solo para atender gastos corrientes. Entramado que además de irracional desalienta las inversiones privadas y el desarrollo de las economías regionales.

Al margen de corregir las ineficiencias, considero que la baja en la recaudación debería recuperarse vía una mayor actividad y consumo como lo prueba la reducción de Ingresos Brutos en los créditos hipotecarios ajustados por UVA. Antes con alícuotas del 7 u 8 % no recaudaban nada, ahora producto de la demanda de los mismos y con alícuotas del 1,5 ó 2 % sí recaudan.

La reforma laboral es necesaria para mejorar las condiciones de competitividad y la relación que debe regir entre la producción y el trabajo, de los trabajadores y las empresas, en un esquema en el que las partes se vean beneficiadas.

Todo este esquema requiere a su vez de un mercado de capitales capaz de atraer el ahorro de los argentinos y complementar al sistema. Por eso es importante avanzar con la reforma del mercado de capitales y en la creación de nuevos y modernos instrumentos de ahorro.

Es necesario que el sendero marcado por el Gobierno de reducción del déficit fiscal tenga el más amplio consenso ya que todos sabemos los efectos del mismo y su derivada natural la inflación como generadores de pobreza y exclusión.

Por eso mismo necesitamos que tales restricciones se concreten con la responsabilidad que le cabe al Congreso, para que el país vuelva a ser competitivo a nivel doméstico e internacional generando los recursos genuinos que necesita por ambas vías.

Insisto: por la salud económica de la Nación, urge normalizar el desorden administrativo generado por décadas de aislacionismo.

Otras dos cuestiones centrales que deseo destacar son la recientemente aprobada ley de responsabilidad penal empresaria y la pendiente sobre la reforma electoral, que darán mayor previsibilidad y transparencia, propias de una democracia madura y de claro sentido para los inversores.

Cabe agregar que las medidas que impulsa el gobierno son un engranaje más dentro de decisiones ya adoptadas como el arreglo de los compromisos internacionales de la Argentina, la reinserción del país entre los jugadores globales, el abaratamiento del crédito internacional para obras de infraestructura, la reducción progresiva de la inflación (bajó de más del 40 al 20% y hay una meta para bajarla aún más el año que viene). En este marco, asumen relevancia la Conferencia Ministerial de la Organización Mundial del Comercio que reúne en Buenos Aires a más de 3500 representantes de 164 delegaciones extranjeras, y las reuniones técnicas iniciadas la semana pasada preparatorias de la cumbre de Presidentes de los países miembros del G-20 que se realizará en 2018 también en Argentina.

Como se puede apreciar, lo que se ha hecho hasta el presente no es poco.

El sistema financiero

Haciendo un rápido repaso de los temas de nuestro sector, el sistema financiero también está encarando su transformación. Se ha adaptado a la nueva política manteniendo su solidez y fortaleza, y acelerando su vocación por la competencia.

A su vez, tiene sobradas expectativas de que ocupará el rol que le cabe en la economía con vistas a atender la demanda que significa crecer a una tasa del 3% anual en los próximos años.

Las reformas mencionadas mejorarán las condiciones operativas de los bancos, ya que no es posible ser competitivo cuando la presión tributaria es igual ó superior a las utilidades del sector. Esto sin dudas impacta en el costo de los productos y servicios perjudicando a los usuarios bancarios, además de ser un factor inviable para cualquier negocio o actividad.

Como siempre el desafío pendiente es hacer crecer su tamaño y para ello al margen de los esfuerzos que hagamos para incentivar el ahorro es fundamental que desde los estados nacional, provinciales y municipales dejen de castigar al ahorro formal vía Ingresos Brutos, débitos y créditos bancarios, sellos, tasas y regímenes de percepción especiales que generan un incentivo imbatible o más que importante para la informalización no solo del ahorro sino de la economía en general.

En términos de transparencia y competencia aspiramos a competir en un plano de igualdad con la banca pública y los agentes financieros de las provincias respecto de la administración de las cuentas del pasivo que no sean core de dichas administraciones, como también poder ofrecer nuestros productos y servicios a empleados públicos, jubilados y pensionados sin que haya privilegios emergentes del manejo regulatoriamente forzado de los planes sueldo o de los códigos de descuento.

Hacia el futuro, avanzaremos más en el uso de la banca electrónica, las sucursales inteligentes y otras acciones que sin necesidad de la cercanía física hagan llegar nuestros servicios a los lugares más alejados o menos poblados del país.

Con relación al contrapunto con las Fintech donde existe divergencia es con las que operan medios de pago (con determinados beneficios fiscales) y con las que otorgan créditos sin tener las mismas condiciones ni regulaciones que rigen para los bancos.

Lo que pedimos es competir en un plano de igualdad y no contra empresas con beneficios fiscales (pagan la mitad de ingresos brutos y las radicadas en el polo tecnológico de CABA están exentas por diez años), y laborales (70% del crédito fiscal en las contribuciones patronales), que paradójicamente no trasladan dichos beneficios al consumidor y tienen un costo financiero total superior al de cualquier entidad bancaria.

La vigencia de reglas de juego claras e iguales debe ser un foco central de la competitividad.

Quisiera ahora formular una reflexión final. El discurso del Presidente post elecciones significó -como decía- un punto de inflexión en la política argentina. Los bancos de ABA consideramos que estamos frente a la gran oportunidad de avanzar seriamente en normalizar el conjunto de la economía y tener un país más respetado y moderno.

Por este motivo les propongo brindar, muchas gracias.